miércoles, 20 de marzo de 2013

Le Dharma os arrastra – vosotros arrastráis al Dharma





Os dejo otro interesante texto del maestro Roland Yuno Rech, publicado recientemente por nuestros amigos de Zen Navarra (http://zennavarra.blogspot.com.es).

Gassho!

Para hacer zazen nos concentramos totalmente en la postura. La espalda vertical, la barbilla recogida; empujamos el cielo con la coronilla y la tierra con las rodillas. Los hombros  bien relajados, el vientre distendido, inspiramos y espiramos profundamente por la nariz , seguimos esta respiración y no los pensamientos. Dejamos pasar todas las construcciones mentales, hasta el punto de que ya no hacemos nada, ni siquiera zazen, es decir hasta el punto en que la práctica se hace forma   inconsciente y natural, sin necesidad de que intervenga nuestra consciencia personal, nuestra voluntad personal.

En tanto que hacemos zazen, hay un ego que hace algo, que interviene. En ese momento la práctica puede aportar un cierto número de beneficios. Por ejemplo, va a mejorar la propia práctica de concentración Pero cuando ya no hacemos nada, cuando ya no es el ego el que hace zazen ; en ese momento, es el mismo zazen el que nos dirige, zazen que es más fuerte que nuestra consciencia personal, en ese momento zazen nos arrastra literalmente más allá de los límites de nuestro ego. Ese zazen tiene el poder de liberarnos de la transmigración, del samsara. Es el zazen de Buda.

De forma natural, cuando escuchamos esta enseñanza, tenemos ganas de practicar el zen de Buda. Decimos que zazen debe ser practicado naturalmente, inconscientemente y automáticamente. Tendemos a rechazar toda intervención de la voluntad, de la consciencia personal ; en realidad los dos aspectos son importantes : la práctica consciente y la práctica inconsciente, la voluntad y el soltar presa. Si solamente practicamos con ayuda de la propia voluntad personal, nos cansamos rápidamente. Pero si privilegiamos exclusivamente el soltar presa, la práctica inconsciente y natural, entonces corremos el riesgo de que nuestros viejos hábitos mentales tomen del mando.

Sobre este tema en el Gakudo-yojin-shu  el Maestro Dogen  era muy claro. Decía: « Cuando empezáis a estudiar la Vía del Buda, tenéis que visitar a un Maestro, escuchar su enseñanza y practicar de acuerdo a esta enseñanza. En ese momento hay algo que debéis comprender: El Dharma os arrastra, vosotros arrastráis al Dharma. Cuando vosotros arrastráis al Dharma sois fuertes y el Dharma es débil. Cuando es el Dharma el que os arrastra
el Dharma  es fuerte y vosotros sois débiles ». Y añadía: « Estos dos aspectos están siempre presentes en el Dharma de Buda ». Dicho de otra forma para la práctica de zazen, como para la práctica de nuestra vida, hay momentos en que ejercer un control consciente sobre lo que practicamos y otros momentos en que es mejor soltar presa. Pero no podemos funcionar siempre del mismo modo.

En la vida social, solamente soltar presa no funciona. Hay muchas ocasiones en que necesitamos reflexionar, tomar decisiones, utilizar la voluntad. Es la función del mental. Como ya lo he dicho, si solamente funcionamos así, hay un aspecto profundo de la vida que se nos escapa completamente, toda la dimensión de la armonía con el Dharma, con el orden cósmico, que se realiza en los momentos de soltar presa, cuando pensamos más allá del pensamiento y del no-pensamiento , cuando es la conscienciahishiryo de zazen la que nos dirige. Cuando repetimos esta experiencia, esta práctica inconsciente y natural en zazen,  se convierte en la fuente de nuestra vida. Siempre podemos volver periódicamente a esto, pero no tenemos que apegarnos a funcionar siempre  así, si no nos creamos una nueva ilusión, una nueva causa de sufrimiento. Una vez que se acaba la sesshin, volvemos a la vida social y nos damos cuenta de que no podemos funcionar siempre así.

Entonces si oponemos las dos formas, en lugar de armonizarlas, sentimos constantemente un conflicto interior. En este momento deseamos encerrarnos en un templo, para suprimir este tipo de conflicto, con la esperanza de poder practicar siempre de forma naturalmente, inconscientemente y automáticamente, siguiendo un gyoji regular, en el que no hay apenas decisiones que tomar, sencillamente seguir la regla. Si hacemos esta elección, apenas podemos ayudar a los otros . La gran mayoría de los seres han vivido siempre en el mundo. La actitud de los monjes zen que son bodhisattvas, es encontrar el equilibrio en su propia vida y enseñar este equilibrio a los otros. Con períodos de retiro como las sesshines, los angos y los períodos de retorno a la vida social.

Incluso durante una sesshin, hay momentos para pensar conscientemente y otros para pensar inconscientemente; en particular todos los responsables deben reflexionar sobre cómo organizar las cosas, tomar decisiones. A la gente que es muy joven en la práctica le cuesta hacer esto. Es decir cuando se ponen a pensar conscientemente para resolver un problema; este pensamiento consciente invade completamente su mente. Y después no llegan a hacer zazen verdaderamente. No paran de pensar en la intendencia, la organización, no llegan a dejar pasar sus preocupaciones. Cuando se avanza en la práctica, llegamos cada vez más rápidamente a pasar de una forma de pensar a otra forma de pensar. Reflexionar, tomar una decisión y rápidamente abandonar; desprenderse de ello y pasar a otra forma de pensar. Y todo esto estando siempre perfectamente aquí y ahora.

Aquí y ahora, ¿qué es importante? Concentrarse únicamente en el punto importante del aquí y ahora sin dejarse contaminar la mente por las rumias mentales. Así podemos guardar una mente libre y fresca, siempre nueva, incluso en medio de los fenómenos de la vida cotidiana. La sesshin nos ha enseñado verdaderamente un arte de vivir que nos permite continuar la práctica,  la Vía en todas las circunstancias de la existencia. Y así hacer realidad el nirvana, es decir la paz de la mente en el samsara, en la agitación de los fenómenos, armonizando los dos,  sin oponerlos.

Maestro Roland Yuno Rech
Sesshin de Godinne – Noviembre 2012       

miércoles, 6 de marzo de 2013

DEL DOLOR Y SUS ADJETIVOS






Os dejo un artículo muy interesante, que he extraido del blog de nuestros amigos de "Zen Navarra", al final del mismo he añadido un enlace a su blog que os recomiedo visitar.
Gassho!

Sergi G.


DEL DOLOR:

“Puedes tener un dolor errático, que varíe a menudo de localización.
Fulgurante, que aparezca y desaparezca.
Gravitorio, que causa sensación de pesadez.
Irradiado, que se manifiesta de forma arborescente siguiendo una dendrita o terminación nerviosa.
Osteoscópico, que se produce en las superficies óseas sólo cubiertas por la piel.
Pulsátil, que late de forma dolorosa en las partes inflamadas.
Pungitivo , que se presenta en forma de pinchazo.
Referido, adscrito al músculo aponeurótico y percibido en una zona cutánea.
Reflejo, percibido en una zona distinta de donde se asienta la lesión.
Sordo, que es leve pero continuo.
Terebrante, intenso, semejante al que pudiera producir un barreno.
Urente, que se siente con escozor o picazón.


Todos estos dolores físicos son registrables o cuando menos definibles en términos médicos. No así los dolores psíquicos del alma, cuyas  causas proceden de una oscuridad, la del inconsciente, aún más vasta que la del cuerpo…

Los chinos denominan al dolor t´ung k´u una de cuyas acepciones es precisamente amar en exceso”.

Mario Satz, El eje sereno y la rueda de las emociones.
Edit Miraguano 2009

DEL SUFRIMIENTO:

“Para mí el sufrimiento es más bien un signo, un síntoma de una disfunción que es la del desconocimiento de nuestra profunda realidad. Este desconocimiento trae la falta, la frustración, la necesidad de construir un ego artificial.

Podemos distinguir entre el dolor y el sufrimiento. El dolor puede existir independientemente del ego, del dolor físico, de la enfermedad, al reenviarnos todo esto a nuestra fragilidad.
Hay siempre una oposición al dolor, una revolución que transforma ese dolor en sufrimiento. Funcionamos entonces de una manera exclusivamente dualista y todo ese dolor se convierte en sufrimiento.

Diría que el sufrimiento es una dramatización y una no aceptación del dolor por parte del ego.

Somos una concretización de la energía cósmica que en un momento dado toma forma   Entonces en verdad no tenemos principio ni fin. Todo lo que constituye nuestro ser no nos pertenece en propiedad ”

“El ego en general y el sufrimiento den particular” Roland Yuno Rech de
Ser monje hoy (Editorial Milenio)




Zen Navarra:
http://zennavarra.blogspot.com.es/



lunes, 18 de febrero de 2013

CUANDO ABANDONAMOS TODO, OBTENEMOS TODO





Hacer sin hacer
Sin meta
sin objetivo, ni búsqueda
sin provecho ,ni beneficio
sin reconocimiento.

No hay nada que perder
ni que obtener.
Solo estar ahí
en contemplación
en compasión pura.


"Cuando abandonas todo, obtienes todo"





miércoles, 6 de febrero de 2013

DOCE MESES CRUZANDO EL SILENCIO...



 No busques nada
                                                                La vida es ahora
                                                                 El tiempo pasa...

                                                                     "Zen-Haiku"

Este próximo domingo, se cumplirá un año desde que empezó mi práctica dentro del Zen. Doce meses que parecen doce años, pues mi vida sólo es una sombra de aquello que fue, ni mejor ni peor, pero totalmente diferente. 
Así que a pesar de que el zen nos enseña a no aferrarnos a nuestros recuerdos, esta noche quisiera hacer una retrospectiva personal, partiendo de aquel 10 de febrero de 2012, el día que decidí adentrarme tras las puertas del silencio y conectar con mi verdadero ser.
Me hubiera encantado escribir este artículo el domingo, pero casualmente este fin de semana marcho hacia una nueva sesshin, que aun hará más especial dicho día.
Recuerdo mi entrada en el dojo, ese olor a incienso japonés que se deslizaba a través del aire, como si de una serpiente de viento se tratara, inundando de aromas florales todo a su paso.
Una mujer de semblante dulce, sereno y serio a su vez, vestía un atuendo oscuro, de tintes tradicionales, esparcidos a través de un sinfín de micro puntos de hilo blanco que se perdían entre trazos y claroscuros.
Me resulta difícil de explicar esto, pero siempre he dicho, que nada más entrar al dojo, supe que estaba donde siempre había querido estar, después de muchos años buscando, ahora había encontrado la puerta hacia el despertar de mi conciencia.
Desde entonces han pasado muchas cosas, pero lo más fascinante ha sido ver como el zen ha dado un sentido muy intenso a mi vida. Una vida que ahora tengo más ganas de vivir que nunca, junto a mi mujer la persona que más quiero en esta vida y el resto de seres, que al igual que yo siguen su camino a través de las mil orillas que se esbozan desde un mismo lago, la vida...
A partir de entonces han sido muchas las sensaciones que he vivido, entre ellas ese dolor espantoso de los primeros meses, que se extendía desde mis tobillos hasta el resto de mis extremidades como si las mismas se fueran a romper en mil pedazos. Sin duda una de las primera barreras que todo practicante conoce tras cruzar las puertas de zazen y encontrarse consigo mismo por primera vez. 
Pero con el tiempo, ese dolor acaba por formar parte de tu práctica y empiezas a descubrir que la destrucción de la dualidad en nuestras vidas, empieza por aceptar todas las adversidades que la misma alberga para nosotros. Nuestra mente ordinaria es la única capaz de hacernos pensar que nuestro entorno se rige por una realidad dual, que nos obliga a elegir siempre la mejor opción para nosotros. Pero la realidad creedme es bien diferente, pues no hay nada bueno ni malo en la vida, puesto que todo forma parte de la misma aceptación.
Así que cuando un practicante decide traspasar los límites del dolor y concentrar su atención en la postura y su respiración, de pronto eso dolores son sólo un velo traslúcido, que se posa ante nuestros ojos, sin causarnos ni la más mínima atadura.
A los cuatro meses de mi comienzo en el zen, tuvo lugar mi primera sesshin (retiro de meditación intensiva), un espacio de tiempo que jamás olvidaré, pues aunque muy duro en muchos sentidos, saco todo aquello que siempre se había ocultado, allí donde yo no era capaz de encontrarlo. La explicación es bien simple, puesto que nada en este mundo enoja más a nuestro ego que un periodo de sesshin, Durante  esos días de aislamiento en medio de la naturaleza y el silencio, los conflictos con nuestra mente ordinaria son constantes y ello nos hace tomar una perspectiva real de nuestra existencia y camino que queremos tomar en nuestra vida. En mi caso, aquellos días de retiro sirvieron para reflexionar mucho y lo más importante sirvieron para darme cuenta de lo mucho que significaba para mi el zen, hasta el punto de pedir mi ordenación, y con la misma el compromiso de la practica de por vida.
Con el paso del tiempo, la practica del zen me ha enseñado a tomar conciencia de cada segundo de mi vida, haciendo de cada momento una meditación y sobre todo mostrándome la belleza del aquí y ahora... A través del zen, comprendí que todo en nuestras vidas tiene el mismo valor, pues todo debería estar llevado a cabo desde la atención plena.  A día de hoy, puedo afirmar que el zen a revolucionado mi vida, me encanta limpiar mi casa, cocinar, coser y en general todo lo que me permita estar concentrado en la acción llevada a cabo, pues muchas personas, cuando hablan de zen, siempre recurren a la postura de zazen, pero desconocen que para un practicante zen, la vida fuera del dojo es tan importante como sus meditaciones dentro del mismo. Todo forma parte de lo mismo, vivir el momento presente desde la aceptación y el no aferramiento.



Y para terminar, si tuviera que destacar algo importante durante este periodo de doce meses acontecidos en mi vida, sin duda sería el haber conocido al maestro Roland Juno Rech, uno de los grandes transmisores del verdadero zen, además de ser un discípulo directo de Taisen Deshimaru.
Coincidí con él en una sesshin que el mismo dirigía el pasado mes de octubre en Lluçà (Catalunya).



La verdad es que lo mejor de este maestro, es su infinita sencillez, así como la serenidad de sus gestos, que ya es toda una enseñanza para las personas que seguimos la labor que está realizando por toda Europa.
Así que aunque necesitaría muchos artículos como este para explicar todo lo que he vivido durante este año, prefiero pensar que a este le seguirán muchos más y ahora ya puedo contar con una mano los meses que falta, para marchar hacia el norte de Francia, donde después de uno de los años más intenso de mi vida en todos los sentidos, seré ordenado bodhisattva por el mismo Roland Juno Rech.
En todo caso, cada vez tengo más presente que no será la última vez que me ordene dentro del zen, pues el mismo no representa una mera práctica para mí, sino una forma de entender el sentido de mi vida.


Gassho a todos mis compañeros, a mi mujer, por comprender mi pasión por el zen y a todas las personas que me han dado lo mejor de su conocimiento para crecer junto a mi....













miércoles, 26 de diciembre de 2012

DARLO TODO ES RECIBIR MUCHO MÁS...



Dentro de la practica del Zen existen diferentes gestos que adquieren un gran protagonismo en el día a día de todo practicante. Pero sin duda alguna, el más común de ellos es sin duda el que conocemos por el nombre de "gassho".
En la postura de gassho, las manos se colocan una contra otra, uniendo la superficie de los dedos  y de las palmas de las manos. Los antebrazos se colocan en posición horizontal, quedando la punta de los dedos a la altura de la nariz.
Son muchos los significados que se le otorgan a este gesto milenario que ha perdurado de generación en generación desde la antiguedad, pero a grandes trazos podría decirse que la mano derecha está relacionada con todos los aspectos más conceptuales y racionales de nuestra mente. En cuanto a la mano izquierda, le corresponden los aspectos relacionados con la intuición, el mundo invisible y la espiritualidad. Así cuando nosotros unimos las manos en gassho hacemos realidad la unidad entre el ego y el cosmos, entre lo material y lo espiritual. 


Cuando juntamos las manos en gassho nos desprendemos de nuestra mente ordinaria y con ello del pensamiento dual que la misma proyecta en cada uno de nuestros actos. Aceptamos todos los fenómenos sin importar si los mismos nos benefician o nos perjudican, y lo más importante, nos abandonamos por completo dándolo todo sin esperar nada a cambio.

Así que podemos comprender que hacer gassho sobre todo significa mostrar nuestra más pura humildad hacia todo lo que nos rodea.
Son muchas las situaciones en las que hacemos gassho, pero quizás las más usuales son cuando ponemos incienso a una estatua de Buda, antes de tocar cualquier instrumento musical sea o no ceremonial, antes de sentarnos en nuestro zafu durante zazen, al salir u entrar en el dojo y en definitiva siempre que vayamos a iniciar o terminar cualquier acción o queramos mostrar gratitud hacia alguna persona o ser vivo, naturaleza...

Gassho

Sergi. G.










sábado, 3 de noviembre de 2012

GENJO KOAN XII







Cuando el ser humano realiza el despertar es como el reflejo de la luna en el agua. 
La luna se refleja en el agua pero no se moja, el agua no se agita por este reflejo.
La luz de la luna ilumina hasta el infinito. Ilumina toda la Tierra. Por amplia y vasta que sea su luz puede ser contenida en la mínima gota del rocío. 
Así como la luna no agita el agua, el despertar tampoco es un obstáculo para el ser humano. El ser humano no pone más obstáculos al despertar que la gota del rocío a la luna o al cielo.
La profundidad de la realización es proporciona a la altura de la luna.
La profundidad de la gota de rocio puede contener las alturas de la luna y el cielo...

Genjo Koan XII

Eihen Dojen

miércoles, 24 de octubre de 2012

EL DESPRENDIMIENTO DE LA DUALIDAD



El zen abandona el dualismo, incluye la dualidad y va más allá.
 "Sin Jin Mei".


Una de las claves para comprender el marco de actuación de la mente ordinaria, es entender que la misma siempre actúa desde la dualidad y ello caracteriza nuestro comportamiento, así como la forma en que nos relacionamos con el medio que nos rodea.
Entendemos por mente ordinaria, aquella que piensa y actúa a través de nuestro ego, sirviéndose de nuestros apegos, orgullo, preferencias personales y en definitiva, todas aquellas acciones que nos alejan del momento presente, aquí y ahora  .
Dicha mente, siempre se mece en los brazos de la dualidad, la misma dualidad que nos ha venido dada desde que tenemos uso de razón, siendo entendida por la gran mayoría como una entidad permanente, que reside de forma intrínseca en el ser humano.
A través de esta dualidad, se trazan muchas de las barreras que custodian nuestras vidas, invisibles e infranqueables para aquellos que no son conscientes de su existencia.
Es muy sencillo entender la visión dualista, porque la misma siempre busca un beneficio personal o se enmarca dentro de una serie de preferencias personales que persiguen el bienestar o la separación de todo aquello que percibimos. Por ello cuando tenemos frío nos abrigamos, cuando una postura es dolorosa buscamos otra más cómoda y en general siempre nos planteamos el lado bueno y malo de toda situación o fenomeno.
Pero la verdadera naturaleza nunca puede ser dual, porque el ser humano es parte del cosmos i a su vez un todo inseparable del que surgen todas las vías del universo. Por esta razón debemos desechar toda acción o pensamiento que surja de la dualidad, siempre entendiendo todos nuestros actos desde la unidad de nuestra mente con el medio, y todos los elementos que lo componen e interactúan en el mismo.
El Zen, nos enseña a desechar esa mente ordinaria, y por el mismo orden abandonar percepción dual de nuestra realidad. 
Por esta razón, durante la práctica de zazen, no desechamos nada, ni el ruido ni el silencio, ni el frio ni el calor, ni los pensamientos buenos ni los malos, ni tan sólo el dolor... sólo observamos todos los fenómenos que surgen durante la practica sin aferrarnos a ninguno de ellos, y los dejamos atravesar nuestra mente, viendo como entran y seguidamente más tarde se desvanecen. Con ello y una atención plena en nuestra postura conseguimos un estado de concentración optimo que nos permite conectarnos de forma unitaria con todos los elementos que conforman el universo y a su vez , nos ayuda a abandonarnos a nosotros mismos, dejando atrás la citada mente ordinaria.
Es por ello que juntamos las manos al hacer "gassho", haciendo desaparecer esa dualidad y conectando todos los elementos en una misma unidad que conecta el cuerpo y espíritu, el cielo y la tierra, lo terrenal con lo espiritual...


También hemos de comprender este estado cuando no estamos sentados en zazen, siendo interesante ejecutar cada acción concentrado únicamente en la misma ( sin pensar en varias cosas a la vez). 
Esto se puede llevar a la práctica en todas aquellas tareas que se repiten cada día en nuestras vidas, como cocinar, limpiar o llevar a cabo cualquier actividad que requiera nuestra atención plena.
En conclusión, una de las bases para desprenderse de la dualidad es centrar nuestra atención solamente en aquello que estamos llevando a cabo en cada momento, con la única perspectiva del presente y nuestra conciencia puesta en el mismo.

Sergi G.

Gassho!



"Hay que superar el marco dualista del espíritu, sumergir las raíces en la conciencia Hishiryo (inconsciente) de zazen."