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lunes, 28 de noviembre de 2016

MISMAS ORILLAS DE UN MISMO LAGO




LA VÍA DEL RETORNO AL INTERIOR

Ha pasado largo tiempo, desde que escribí por última vez en este espacio, dedicado a mi visión de la práctica y vivencia como  budista zen. Concretamente el último artículo data de finales del 2013, y justo ahora estamos a las puertas del nuevo año 2017.
Un periodo de tiempo en el que mi vida ha dado tantos giros, que podría marearme, tan solo probando de dar explicación a uno sólo de ellos. Pero es así la vida, donde siempre a nuestro favor, nos permite la posibilidad de experimentar, vivir y aprender de lo vivido, ya sea ello algo que nos provoque júbilo o quizás incluso tras nuestro paso a través de una experiencia traumática.
En mi caso, pocos meses después de escribir dicho último artículo, experimenté el golpe más duro que he recibido en mi vida, una experiencia que sacudió los cimientos de mi fe en todas las cosas y la propulsó lejos de mí, como si todo aquello en lo que había creído hasta entonces, hubiera perdido su razonamiento o razón de ser.
Hacía tan solo unos meses que me había ordenado, después de dos largos años cosiendo mi Rakusu y preparándome para dar un paso más en mi compromiso con la práctica del Zen. Pero ni tan solo eso pudo salvarme de lo que me esperaba un tiempo después cuando de pronto la persona que había compartido a mi lado catorce años de vida, decidió alejarse de mí y con ello un gran dolor se fundió con mi alma y me alejó de todo lo que había tenido a mi lado hasta entonces.
Tras ese duro golpe y no antes fue cuando realmente pude poner en práctica todo lo que había aprendido hasta entonces dentro del Budismo Soto Zen, poco a poco me sumergí en un periodo de soledad casi absoluta y necesité evadirme de todo lo que hasta entonces venía haciendo en mi vida, así que incluso dejé de asistir al dojo donde meditaba unas cuatro veces por semana, y mi práctica se volvió más efímera y unipersonal, dejando atrás las rigideces y ataduras que me habían acompañado hasta entonces, para abrir así un nuevo entender de todo lo aprendido, donde no importaba el cómo, si no la mera necesidad de mirar hacia mi interior utilizando las herramientas que me habían sido enseñadas durante todos aquellos retiros de fin de semana, seminarios, meditaciones diarias con mi shanga y en definitiva, conmigo mismo como espejo de lo que la vida en realidad representaba...
Así transcurrieron los meses y algunos años hasta el día de hoy, donde poco a poco he ido poniendo en práctica todas las lecciones aprendidas y forjando una nueva perspectiva de la meditación y todas esas herramientas que nos permiten auto observarnos, con la intención de descubrir el verdadero propósito de nuestra vida, que ya os adelanto, siempre pasa por el filtro de la sencillez, y la fluidez que solo la vivencia del momento presente puede otorgarnos, siendo el resto sin duda alguna un mero espectáculo de fuegos artificiales, donde creemos ser los protagonistas de algo, que en realidad no se da tal y como lo observamos.

MISMAS ORILLAS DE UN MISMO LAGO

Pero quizás lo más importante que he aprendido durante estos dos años y medio alejado de todo lo que con anterioridad me rodeaba, es que las cosas son mucho más sencillas de como en ocasiones nos las planteamos o nos las pintan. Así que viendo como a día de hoy nacen cientos de nuevas herramientas para aprender a meditar y escuelas que prometen esto y aquello, os diré sin dudarlo y perdonadme si sueno arrogante, que en realidad todas ellas son orillas de un mismo lago, y que lo único que necesitáis para trabajaros y conoceros es sin duda coger la costumbre a diario de salvar unos segundos, para respirar profundamente, posicionar vuestra espalda erguida y dejar que el silencio se convierta en vuestro refugio y la soledad en vuestro único credo, dejando pasar vuestros pensamientos mientras los observáis desde un estado de abandono absoluto. 

Poco a poco, con el hábito de esta sencilla práctica, entenderéis que es justo el hacer sin hacer, lo que nos permite sentir el momento presente, así que lejos de lo que os hayan dicho, no necesitaréis vestir ni atuendos blancos, ni kimonos japoneses, tampoco prostraros ante ningún maestro auto proclamado, que tiene aunque quizás él lo desconoce más ego que vosotros mismos. Lo más importante es que aunque es cierto que una postura adecuada puede facilitar nuestra concentración y el trabajo que ejercemos sobre la práctica, esto no debe ser en absoluto un impedimento para adentrarnos en el mundo de la meditación y tampoco en el budismo Zen. Pues cada persona es un mundo en sí y como tal, debe encontrar su centro.
En referencia a este último punto, he de decir que durante muchos años meditaba estrictamente en postura de semi loto y birmana, a pesar de que mis piernas siempre habían sido mi punto débil y durante los retiros de meditación intensiva terminaba con graves problemas en mis rodillas, muy infladas y con derrames de líquido sinovial, que me finalmente dieron como fruto una lesión grave que afecto al ligamento lateral interno de mi rodilla izquierda.
A día de hoy, medito siempre con ayuda de una banqueta de meditación muy baja y portátil que me permite tener una postura muy correcta y con la que no tengo problema alguno para alcanzar un buen nivel de concentración. Por ello os decía que no dejarais que este tipo de cosas os alejaran de la práctica, pues lejos de convencionalismos, la concentración absoluta se consigue desde muchos estados, e incluso sin ser necesario estar sentado con las piernas cruzadas. Esto es algo que he descubierto desde mi faceta como profesor de cocina macrobiótica y alimentación saludable, donde he alcanzado auténticos momentos de concentración simplemente cortando verduras o amansando una masa de pan, e incluso componiendo con mi piano o nadando unos largos en la piscina. Pues repito e insisto, vivir el presente es fluir, nada más que eso. Nada os convertirá en nada, ni ninguna persona a la que sigáis como maestro, vivirá vuestra vida por vosotros. Esta responsabilidad sólo os pertenece a vosotros y solo vosotros podéis llevarla a cabo como propósito de vida, pues el camino aunque brilla más si más luces lo alumbran, es siempre un camino de silencio, introspección y crecimiento  unipersonal...

SEGUIMOS CRUZANDO EL SILENCIO

Como conclusión a todo lo que aquí expongo, sólo pretendo puntualizar que ni mucho menos me posiciono en contra de todo lo que he aprendido hasta entonces, esto sería una gran equivocación. Lo único que intento transmitir es que la vía es muy amplia y requiere ser comprendida como tal. Yo siempre seguiré fiel al compromiso de mi práctica. Amo sus sutras, mi kimono negro, y rakusu que con tanto esmero y dedicación cosí a golpe de alegrías y miles de lágrimas. Pero hoy por hoy creo que lo más importante para mí como compromiso y propósito de vida, es la difusión del conocimiento. El ayudar a muchas personas a conocerse y saber como sacar lo mejor de ellos mismos, tanto a nivel de alimentación como en el terreno más personal o espiritual. Pues el conocimiento es lo único que permanece siempre en nuestro corazón, siendo la llave de muchas de nuestras inquietudes e incluso cuando no tenemos nada y lo hemos perdido todo, es lo único que siempre permanece intacto dentro de nosotros. Por ello os invito a seguir vuestra orilla, pues seguro en algún punto del camino nos encontraremos todos, da igual de donde vengáis, ni a donde os dirijáis, solo disfrutad del itinerario y de  todas aquellas mágicas personas que puedan cruzarse durante vuestro viaje, pues como dije eso es la vida, fluir...

Sergi Hogaku





miércoles, 10 de abril de 2013

ACEPTACIÓN, EL ÚNICO CAMINO HACIA UNA PRÁCTICA NO DUALISTA



"La forma justa de practicar, es aquella que nos permite encontrar nuestro camino en medio de las limitaciones. La práctica no significa que cualquier cosa que hacemos , incluso sentarnos, sea zazen. 
Practicar quiere decir que las dificultades que tenemos no nos limiten..."

S. Suzuki. Ment zen, ment de principiant, Barcelona: Pagès editors, 2011, p.46

Sin lugar a dudas, las palabras del maestro Suzuki, nos muestran las claves de uno de los aspectos más importantes dentro de la via del zen, la aceptación; puesto que sólo al despojarnos de nuestros deseos, intereses personales y limitaciones, estaremos cerca de lo que el mismo maestro apoda como "practica justa". Una practica, que no persigue ningún fin concreto, que no distingue entre el placer y el dolor, lo que está bien y aquello que está mal..., que nos conduce a ninguna parte y a su vez nos hace sentir en unión con todo lo que nos rodea, y en definitiva, que no espera nada, pues nunca tuvo la intención de conseguir algo...
Practicar zazen desde una óptica distinta a esta, sólo nos conduce a una práctica de nuestro ego, donde nuestra mente original carece de reflejo alguno, siendo todo parte de un mero esbozo contenido en el interior de nuestra mente ordinaria.
Por esta razón, quisiera incidir, en el valor que tiene nuestra aceptación ante todo aquello que queramos llevar a cabo, puesto que aceptarnos con nuestras virtudes y defectos, es lo más parecido a abandonarnos por completo, y con dicho abandono, estaremos más cerca que nunca de dicha práctica justa.
Nuestras limitaciones, son en gran parte un reflejo de nuestra visión dualista de todas las cosas. Así que si queremos abandonar dicha visión, hemos de comenzar por aceptar nuestras limitaciones y observarlas como parte de nuestra práctica. Puesto que aunque quizás pueda parecernos distante, no nos pertenece a nosotros el derecho a juzgar todo aquello que acontece en nuestras vidas, sino dejar que todo fluya de forma incesante, como fluye la naturaleza desde la tierra en dirección al cielo.
Por esta razón, al sentarnos en zazen nos concentramos en nuestra respiración a la vez que ponemos nuestra atención en la postura, abrazando todas las sensaciones que nuestra práctica pueda albergar para nosotros con total naturalidad. Esto quiere decir, que en caso de tener molestias o algún tipo de dolencia producido por la misma postura, lo aceptaremos, rompiendo así esa visión dualista que a menudo nos impide ser felices, pues nos pasamos la vida tomando decisiones, sobre aquellas cosas que nos convienen y aquellas otras que preferimos evitar.
Yo mismo he podido experimentar esta sensación, y en efecto, cuando nos entregamos al completo durante nuestra práctica sin esperar nada de la misma, observamos como nuestro sufrimiento va desapareciendo, dejando a su marcha una sensación de equilibrio en nuestra mente y espíritu. Este estado, no debe entenderse como algo que debemos lograr, sino como un estado que emerge de nosotros por si solo, pues en que nada espera todo recibe...

Sergi Gámez





lunes, 18 de febrero de 2013

CUANDO ABANDONAMOS TODO, OBTENEMOS TODO





Hacer sin hacer
Sin meta
sin objetivo, ni búsqueda
sin provecho ,ni beneficio
sin reconocimiento.

No hay nada que perder
ni que obtener.
Solo estar ahí
en contemplación
en compasión pura.


"Cuando abandonas todo, obtienes todo"





miércoles, 24 de octubre de 2012

EL DESPRENDIMIENTO DE LA DUALIDAD



El zen abandona el dualismo, incluye la dualidad y va más allá.
 "Sin Jin Mei".


Una de las claves para comprender el marco de actuación de la mente ordinaria, es entender que la misma siempre actúa desde la dualidad y ello caracteriza nuestro comportamiento, así como la forma en que nos relacionamos con el medio que nos rodea.
Entendemos por mente ordinaria, aquella que piensa y actúa a través de nuestro ego, sirviéndose de nuestros apegos, orgullo, preferencias personales y en definitiva, todas aquellas acciones que nos alejan del momento presente, aquí y ahora  .
Dicha mente, siempre se mece en los brazos de la dualidad, la misma dualidad que nos ha venido dada desde que tenemos uso de razón, siendo entendida por la gran mayoría como una entidad permanente, que reside de forma intrínseca en el ser humano.
A través de esta dualidad, se trazan muchas de las barreras que custodian nuestras vidas, invisibles e infranqueables para aquellos que no son conscientes de su existencia.
Es muy sencillo entender la visión dualista, porque la misma siempre busca un beneficio personal o se enmarca dentro de una serie de preferencias personales que persiguen el bienestar o la separación de todo aquello que percibimos. Por ello cuando tenemos frío nos abrigamos, cuando una postura es dolorosa buscamos otra más cómoda y en general siempre nos planteamos el lado bueno y malo de toda situación o fenomeno.
Pero la verdadera naturaleza nunca puede ser dual, porque el ser humano es parte del cosmos i a su vez un todo inseparable del que surgen todas las vías del universo. Por esta razón debemos desechar toda acción o pensamiento que surja de la dualidad, siempre entendiendo todos nuestros actos desde la unidad de nuestra mente con el medio, y todos los elementos que lo componen e interactúan en el mismo.
El Zen, nos enseña a desechar esa mente ordinaria, y por el mismo orden abandonar percepción dual de nuestra realidad. 
Por esta razón, durante la práctica de zazen, no desechamos nada, ni el ruido ni el silencio, ni el frio ni el calor, ni los pensamientos buenos ni los malos, ni tan sólo el dolor... sólo observamos todos los fenómenos que surgen durante la practica sin aferrarnos a ninguno de ellos, y los dejamos atravesar nuestra mente, viendo como entran y seguidamente más tarde se desvanecen. Con ello y una atención plena en nuestra postura conseguimos un estado de concentración optimo que nos permite conectarnos de forma unitaria con todos los elementos que conforman el universo y a su vez , nos ayuda a abandonarnos a nosotros mismos, dejando atrás la citada mente ordinaria.
Es por ello que juntamos las manos al hacer "gassho", haciendo desaparecer esa dualidad y conectando todos los elementos en una misma unidad que conecta el cuerpo y espíritu, el cielo y la tierra, lo terrenal con lo espiritual...


También hemos de comprender este estado cuando no estamos sentados en zazen, siendo interesante ejecutar cada acción concentrado únicamente en la misma ( sin pensar en varias cosas a la vez). 
Esto se puede llevar a la práctica en todas aquellas tareas que se repiten cada día en nuestras vidas, como cocinar, limpiar o llevar a cabo cualquier actividad que requiera nuestra atención plena.
En conclusión, una de las bases para desprenderse de la dualidad es centrar nuestra atención solamente en aquello que estamos llevando a cabo en cada momento, con la única perspectiva del presente y nuestra conciencia puesta en el mismo.

Sergi G.

Gassho!



"Hay que superar el marco dualista del espíritu, sumergir las raíces en la conciencia Hishiryo (inconsciente) de zazen." 









lunes, 13 de agosto de 2012

SESSHIN AGOSTO 2012


"Hay tres cosas que no pueden estar largo tiempo escondidas: el sol, la luna y la verdad" 

Buddha

Con la llegada del mes de agosto llegó a su vez otro periodo de meditación intensiva, acompañado por los ecos de la naturaleza en mitad de la Cataluña profunda. Con el mismo se materializaba mi segunda sesshin, desde que decidí tomar el estudio y práctica de la vía del Zen en mi vida.
Sin duda, otra oportunidad de poder mirar nuevamente hacia mi interior para intentar comprender el sentido real de mi existencia y otras muchas cosas más, que la práctica te va revelando a medida que avanzas en la senda de la meditación sentada sin intención de obtener nada a cambio...


Curiosamente cuando decides escribir a cerca de lo vivido en uno de estos periodos de meditación intensiva te das cuenta de que es muy difícil transmitir con palabras las experiencias acontecidas. Las razones son muchas, pero básicamente, creo que sólo la persona que ha llevado a cabo una sesshin puede comprender lo que la misma ha significado para él.
En mi caso por ser la segunda a la que asistía, todo se tornó de forma muy diferente, ya que ahora conocía a la perfección la dinámica que se sigue a lo largo de un retiro Zen y pude esforzarme más en vivir cada detalle y momento de estos días tan intensos.



Como comenté en el post que hablaba de mi anterior retiro, durante una sesshin,  si se tiene la suficiente voluntad es fácil observarse a si mismo y ver numerosos detalles de nuestra personalidad de una forma muy clara. Con ello podremos ser conscientes de como actuamos tanto a nivel personal así  como en la forma en la que nos dirigimos a los demás, siendo fácil ver hasta que punto nuestro ego tiene un dominio de nuestras acciones, y porque no decirlo de nuestra visión general de la vida.
En mi caso fueron infinitas las sensaciones y lejos de intentar describirlas todas quizás me quedaría con la idea de que el Zen es un camino que siempre exige un paso continuo, pero jamás custodiado por las prisas ni las necesidades de recorrer más en menos tiempo. Esto es quizás la lección que he aprendido a lo largo de estos días de reflexión a manos de mis excelentes compañeros y tutores de mi práctica.
Cuando uno quiere caminar a marchas forzadas el camino deja de ser un camino hacia algo para convertirse en una senda sin rumbo, que sólo muestra aquello que queremos ver en ella, pero de forma distante a la verdadera realidad de nuestro presente.
Como comenté en algún escrito anterior a este, hace unos  meses pedí mi ordenación a Bodhissatva y la misma me fue concedida, hasta aquí todo estaba en orden. Comencé la costura de mi rakusu y con mucha ilusión empecé a preparar todo lo necesario para el día de mi ordenación que tenía que llegar en unos meses adelante.
Con estas premisas marché hacia este retiro con el objetivo de adelantar a toda máquina mi rakusu, ya que sabía que habría muchas horas dedicadas a la costura y fue durante estos periodos de confección  donde entendí que la costura de mi rakusu era parte de mi camino y no podía tomarlo como un objetivo, pues los objetivos son poco amigos del momento presente, ya que siempre se trazan esperando algo del futuro y esto nos aleja de la vía del Zen.
Allí pude observar como yo estaba haciendo de mi ordenación una proyección de mi ego, que debía saber controlar antes que la misma se convirtiera en una mera ilusión como tantas otras que caminan junto a nosotros a lo largo de nuestras vidas.
Por esta razón decidí no poner fecha a mi ordenación y seguir confeccionando mi rakusu con la calma hasta que al llegar a su fin sea cuando sea pueda ordenarme como parte de una evolución personal, y no como recompensa a un periodo de costura a marchas forzadas con la intención de obtener algo.
Creo que es una de las decisiones más sinceras que he tomado en los últimos meses, y nuevamente doy gracias a todo lo que estoy aprendiendo, porque de no ser por la practica, sería incapaz de observar este tipo de comportamientos que fluyen desde mi interior.

A diferencia de la anterior sesshin a la que asistí, en esta centré mis periodos de samu en la costura de mi rakusu y no en tomar fotografías como había hecho con anterioridad, aunque el último día por petición del Godo (persona que dirige la sesshin) me dediqué a fotografiar los diferentes samus de mis compañeros, así como a tomar fotos durante el último zazen del retiro.
En todo caso ya sea durante un zazen, samu o simplemente en el transcurso del paseo a través de la naturaleza que se realiza cada mañana antes de tomar la Guenmai, es curioso como a medida que avanza el retiro nuestra mente se aproxima más a su estado original, siendo capaz de observar todos los fenómenos que transitan por la misma sin aferrarse a ninguno de ellos.
Esto nos hace más conscientes del momento presente a la vez que nos permite disfrutar de cada detalle, sonido, sensación sea buena o mala .
Por esta razón es fácil quedar altamente hipnotizado por los diferentes sonidos emitidos por los pájaros, o notar la brisa del viento como si de una caricia otoñal se tratara en nuestro rostro.
Al finalizar el retiro, los rostros de mis compañeros dibujaban la experiencia en sus ojos, de aquel que ha vivido cada segundo como si fuera el último de su vida, una sensación que recomiendo a toda persona que quiera aventurarse a conocer el verdadero sentido de la vida, que no es otro que vivir el aquí y el ahora...
Y ya sin más despedirme agradeciendo a los organizadores de este retiro y a todos mis estimados compañeros, su paciencia y todas esas conversaciones profundas que tanto me han regalado estos días. A todos ellos...

Gassho!

viernes, 15 de junio de 2012

LA EVIDENCIA DEL RESPETO A LA VIDA


Ha pasado mucho tiempo desde mi último escrito en este espacio que poco a poco se va gestando, a la vez que el Zen es cada vez más importante en mi vida. Las razones son demasiadas para explicarlas y que sean comprendidas a su vez, ya que nuestra mente occidental, no está en ocasiones preparada para entender que sólo permaneciendo sentados en zazen, sin nada que  buscar ni esperar, podemos emprender un camino hacia la búsqueda de nuestra mente original,  aquella que nos permite hacernos íntimos con nosotros mismos y ser conscientes de cada gesto, sensación o sentimiento, sea este bueno o malo, duro o agradable...
Desde que comenzó mi práctica, he podido notar como mi vida se ordenaba de forma natural, siendo ahora mucho más consciente de todas las cosas que emergen desde diferentes puntos de mi alrededor.
Tareas como hacer la limpieza de mi hogar o dar un simple paseo en medio de los árboles, son ahora grandes placeres que me muestran la felicidad sin pagar por ella, puesto que estamos demasiado acostumbrados a pagar por todo aquello que nos hace felices y esto no es más que una falsa realidad, que precisamente nos aleja de dicha felicidad. 
Por esto y por muchas razones más, he tomado la decisión de pedir a mi maestro la ordenación a bodhisattva , una decisión que todo practicante puede tomar a lo largo de su vida, con la que el mismo se compromete a practicar zazen de por vida, además de tomar una serie de votos y preceptos que le serán otorgados durante la ceremonia de ordenación ( Jukai).
Durante la vida de un practicante de Zen existen dos momentos en que el mismo puede decidir ordenarse. El primero es la mencionada ordenación de Bodhissatva, "el que está en el camino", y el siguiente la ordenación a monje. No se trata de grados ni cinturones como en las artes marciales, ni tan solo realmente un practicante está obligado a ordenarse a lo largo de su vida. Es simplemente una decisión personal que cada uno debe querer tomar sin presiones ni segundas intenciones.
Hoy mientras leía a cerca de los preceptos he quedado muy sorprendido sobre la explicación que el maestro Roland Yuno Rech formula cuando se refiere al precepto "no matar", puesto que una de las cosas que hoy por hoy condiciona todo mi pensamiento, es la obligación de respetar toda forma de vida, entendiendo la misma como una parte de nosotros mismos.
Así que sin más dejo aquí dicho texto del que no sobra nada en absoluto, siendo claramente un camino que todos deberíamos tomar en la vida, independientemente de si practicamos Zen u otra disciplina, 
"El camino hacia el respeto a la vida"...




NO MATAR

"En Occidente tenemos la costumbre de considerar que todos los seres están en la tierra a nuestra servicio, que podemos matar a placer para nuestro uso personal. Por el contrario la práctica de zazen lleva a comprender que nosotros formamos parte de la naturaleza que estamos a su servicio así como la misma está a nuestro servicio. Naturalmente entonces se tienen ganas de proteger toda forma de vida. Esto quiere decir, por supuesto no matar a los seres humanos y en l
a medida de lo posible, no matar ningún animal.
Se ha alimentado a los animales dándoles cadáveres y así se ha envenenado a los seres humanos, lo que ha permitido ver claramente hasta que punto el espíritu de provecho conduce a las acciones contranatura.

No matar quiere decir no provocar sufrimiento. No hacer sufrir a los seres sensibles.
Cuando comemos un filete, no lo relacionamos con el sufrimiento de un ser vivo. Compramos un filete o un pollo en un supermercado. Si visitamos los lugares en que estos animales son criados y los lugares donde los matan, si tenemos un poco de sensibilidad, seguramente no tendremos ganas de comerlos. Por supuesto, los seres vivos no pueden alimentarse más de lo que vive. Algunos dicen " de todas formas, incluso si coméis tomates o trigo, también son seres vivos. " Pero el gesto de torcer el cuello de un pollo o recoger una fruta es totalmente diferente. La influencia de estas acciones repercute en nuestro estado mental. Si queremos reducir la violencia en este mundo, es importante comenzar por reducir la violencia en uno mismo. es aprender a respetar a todos los seres vivos, es el espíritu de gassho, incluso al coger una flor, Mejor sería en primer lugar hacer gassho, y si no es necesario, dejar la flor en el campo. (...)"


Yuno Kusen (ordenación de bodhisattva)
Maître Roland Yuno Rech






domingo, 8 de abril de 2012

HISHIRYO Y MUSHOTOKU






Una de las primeras dificultades que encontramos al iniciarnos en el Zen es sin duda alguna la gestión que hacemos del tránsito de nuestros pensamientos durante zazen, puesto que una vez estamos sentados en la postura correcta y tomamos el control de nuestra respiración, el siguiente paso será dejar que los pensamientos se diluyan lentamente sin aferrarnos a ellos. Para ello, no lucharemos contra su paso por nuestra mente, sólo dejaremos que sigan su curso dejando que desaparezcan de forma natural.
Pero como suele pasar, de la teoría a la práctica hay una larga distancia que no todos los practicantes salvamos de la misma forma y mucho menos en el mismo tiempo.
Otro factor que juega en contra es el dolor que todos encontramos durante nuestra adaptación a la postura de zazen, un dolor que en ocasiones toma un gran protagonismo durante nuestra práctica, desviando parte de nuestra atención y como resultante, dificultando esa óptima gestión de nuestros pensamientos para conseguir liberar nuestra mente de los mismos.
Mi maestro siempre dice que hay que ir más allá del dolor, dejándolo en un segundo término, centrando nuestra atención en la postura y manteniendo el pulso continuo y profundo de nuestra respiración. Esto seguido de una perseverancia en el hábito de la meditación da como fruto un mayor control de nuestra práctica.
En mi caso dedico aproximadamente un mínimo diario de una hora a zazen, en dos periodos de treinta minutos separados por una corta sesión de Kin-hin (meditación en movimiento), y puedo asegurar que cada vez noto más facilidad para conseguir un nivel óptimo de concentración.
Así que como comenté en la entrada anterior, la constancia es sin ninguna duda la mejor compañía para el practicante de Zen.
A continuación cito una información esencial para comprender el sentido de mis palabras en esta entrada.

Gassho

Sergi G.


HISHIRYO

Hishiryo es el inconsciente del Zen. Shiryo es el pensamiento. Fushiryo: "no pensar". Pero hishiryo es el pensamiento absoluto, más allá del pensamiento y del no-pensamiento, más allá de todos los problemas de la conciencia personal.
Es nuestra naturaleza original, o naturaleza de Buda, el inconsciente cósmico. Cuando el mental se vacía y el intelecto esta calmo, nada detiene la corriente de vida profunda, intuitiva, ilimitada, que surge de lo más profundo de nosotros mismos.

La mente contiene todo el cosmos.
La conciencia es más rápida que la velocidad de la luz.

Sentados, sin fin ni objeto de provecho, podemos comprender mushotuko e hishiryo, secretos de la esencia del Zen. Pero la comprensión debe ser otro que la del sentido común o la intelectual. Ella es percepción directa.

MUSHOTOKU

Mushotoku es el no-provecho, el no-deseo, el no-miedo. Es el principio esencial. Dar sin buscar a recibir. Abandonar todo, sin miedo de perder. De la misma forma que el artista debe darse por entero sin ocuparse de alcanzar la gloria, la belleza, la riqueza, para expresarse en una obra bella, pura, autentica, igualmente el discípulo obtendrá la sabiduría sin abandona, toda idea de provecho personal. Si abandonáis todo, obtendréis todo.



"Pensar sin pensar, escribió el Maestro Dogen, como se piensa sin pensar. Debemos pensar desde el fondo del no-pensamiento.
Es la conciencia cósmica, la conciencia hishiryo". Nuestros sentidos y nuestra conciencia personal no pueden aprehenderla, las categorías no la definen, la palabra no la explica. Solo podemos abrazarla por la experiencia vivida.

viernes, 6 de abril de 2012

LA PRÁCTICA DE ZAZEN, EL SECRETO DEL ZEN







"Zazen es difícil, lo sé. Pero practicado cotidianamente es muy efectivo para la ampliación de la conciencia y el desarrollo de la intuición. Zazen no solamente genera una gran energía, también es la postura del despertar. Durante la práctica no hay que intentar lograr lo que sea. "Sin objeto", es unicamente concentración en la postura, la respiración y la actitud del espíritu.
"
Maestro Taisen Deshimaru"

En ocasiones algunas personas me preguntan a cerca del Zen. Sus interrogantes son infinitos y en todo caso siempre perciben el Zen como una técnica de meditación a modo de relajación, haciendo un paralelismo con el Yoga o el Tai-Chi Chuan .
Pero dejando de banda algunos aspectos comunes, la práctica del Zen está impregnada de muchas connotaciones filosóficas que hacen del mismo algo más intenso que una técnica destinada a la meditación con fines terapéuticos. 
Cuando nos sentamos en la postura de zazen, abandonamos todo aquello que nos aferra, con la única finalidad de reencontrarnos con nuestra mente original. No deseamos nada, no buscamos encontrar nada y tampoco pretendemos alcanzar algún estado de conciencia en concreto, sólo nos sentamos centrando nuestra atención en el curso de nuestra respiración y todos los puntos de nuestra postura.
No rechazamos, ni añadimos nada, sólo observamos sin observar y escuchamos sin oir nada en concreto, porque el simple hecho de sentarse en la postura del despertar ya lo representa todo.
Aquí dejo algunos conocidos escritos a cerca de la postura de zazen, que representa sin lugar a dudas el gran tesoro del Zen. Su práctica no debe llevarse a cabo desde la voluntad si no desde el compromiso con el hábito y la perseverancia, pues en si la voluntad ya forma parte del pensamiento que  debemos evitar mientras llevamos a cabo nuestra práctica. 

Sergi G.




LA POSTURA


"Sentados en el medio del zafu (almohadón redondo), se cruzan las piernas en la posición de loto o de medio loto. Si ello no es posible, y se cruzan las piernas simplemente sin colocar el pie en el muslo opuesto, aun así es esencial que las rodillas empujen el piso. La columna vertebral bien derecha, el mentón entrado y la nuca estirada, la nariz en la misma línea vertical que el ombligo, se empuja la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza."



"Se pone la mano izquierda en la mano derecha, las palmas hacia el cielo, los pulgares se tocan, formando una línea derecha. Las manos descansan en los pies, los cantos en contacto con el abdomen. Los hombros están relajados. La punta de la lengua toca el paladar. La vista está puesta aproximadamente a un metro de distancia en el suelo sin mirar nada en particular."




LA RESPIRACIÓN

"La respiración zen no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sánscrito se llamó 'anapanasati', solamente puede surgir de una postura correcta. Antes de todo se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una expiración suave, larga y profunda. El aire se expulsa lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la expiración, baja con fuerza al vientre. Al final de la expiración, la inspiración se hace naturalmente. Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la expiración de un bebé que grita recién nacido."


LA ACTITUD  DEL ESPÍRITU

Sentados en zazen, dejamos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales, que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo - sin oponerse ni agarrarse a ellos. Como los reflejos en un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan y pasan otra vez y terminan por desvanacerse. Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todos los pensamientos (hishiryo), verdadera pureza.
Esa actitud de espíritu surge naturalmente de una concentración profunda en la postura y la respiración, y permite así controlar la actividad mental, resultando una mejora en la circulación cerebral.
En efecto el cortex (sede del pensamiento consciente) descansa durante zazen, mientras que la sangre fluye hacia las capas más profundas del cerebro, las cuales se despiertan de un estado de somnolencia, ya que están mejor irrigadas. Su actividad da la impresión de bienestar, serenidad, calma, liberando totalmente despierto, las ondas cerebrales del sueño profundo 'alpha' y 'theta' (consulte con respeto a ese tema las investigaciones hechas en la universidad de Komazawa en Japón)

(fuente extraída de- http://www.zen-deshimaru.com)


martes, 3 de abril de 2012

UNAS PRIMERAS PALABRAS


El Zen, se desprende de un ancestro legado histórico, que alberga sus orígenes en la experiencia del Buda Shakyamuni, quien realizó el despertar hace dos mil quinientos años.
La palabra Zen significa meditación. Define una de las escuelas budistas que privilegia la práctica de la meditación sentada, conocida con el nombre de "zazen" ( sentarse en Zen).
Esta práctica es la raiz de la milenaria enseñanza de Buda, un mensaje de dimensión universal

Taisen Deshimaru decía:

"La práctica de zazen es el secreto del Zen. Zazen puede parecer dificil. Pero si se practica cotidianamente es muy eficaz para la ampliación de la consciencia y el desarrollo de la intuición. Zazen es la postura del despertar. Mientras se practica no hay que pretender obtener nada, sea lo que sea. Sin meta, zazen es solo concentración en la postura, en la respiración y en la actitud de la mente."


fuente extraida de : (http://www.es.dojozenbarcelona.org)


Con estas frases a modo de introducción, me dispongo a iniciar esta vitácora, en la que intentaré difundir diferentes artículos, escritos, sutras y otros documentos con los que el lector pueda obtener una visión de la auténtica esencia del Zen.
Y digo auténtca esencia del Zen, porqué en los últimos meses he percibido un gran número de fuentes y personas que se autodenominan bajo la palabra del Zen, pero que muy poco tienen que ver con las auténticas enseñanzas, así que he creido conveniente ofrecer una perspectiva más cercana y verídica de esta práctica.
El conocimiento es muy extenso y profundo, pero en todo caso y teniendo en cuenta que la paciencia y la perseverancia son claves fundamentales dentro de Zen, aconsejo leer detenidamente cada una de los artículos publicados aquí y no pretender nada al hacerlo, pues el conocimiento requiere  su tiempo y no siempre estamos preparados para la comprensión absoluta de todo aquello que creemos entender.

Por último comentar que el que escribe estas líneas no es ningún maestro ni mucho menos alguien que tiene grandes conocimientos sobre el Zen, tan solo un simple practicante que después de una profunda búsqueda ha encontrado en el Zen,  aquel camino que siempre estuvo buscando y que ahora por fin puede recorrer en silencio, entendiendo la vida como una manifestación del aquí y el ahora y nuestro cuerpo - espíritu como parte del universo.
Por esta razón prefiero limitarme a difundir los textos y enseñanzas de los verdaderos maestros, que han servido para mantener viva la llama más primaria del auténtico Dharma hasta nuestros días, puesto que en sus palabras está esculpida la esencia original del conocimiento...


Gassho