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miércoles, 10 de abril de 2013

ACEPTACIÓN, EL ÚNICO CAMINO HACIA UNA PRÁCTICA NO DUALISTA



"La forma justa de practicar, es aquella que nos permite encontrar nuestro camino en medio de las limitaciones. La práctica no significa que cualquier cosa que hacemos , incluso sentarnos, sea zazen. 
Practicar quiere decir que las dificultades que tenemos no nos limiten..."

S. Suzuki. Ment zen, ment de principiant, Barcelona: Pagès editors, 2011, p.46

Sin lugar a dudas, las palabras del maestro Suzuki, nos muestran las claves de uno de los aspectos más importantes dentro de la via del zen, la aceptación; puesto que sólo al despojarnos de nuestros deseos, intereses personales y limitaciones, estaremos cerca de lo que el mismo maestro apoda como "practica justa". Una practica, que no persigue ningún fin concreto, que no distingue entre el placer y el dolor, lo que está bien y aquello que está mal..., que nos conduce a ninguna parte y a su vez nos hace sentir en unión con todo lo que nos rodea, y en definitiva, que no espera nada, pues nunca tuvo la intención de conseguir algo...
Practicar zazen desde una óptica distinta a esta, sólo nos conduce a una práctica de nuestro ego, donde nuestra mente original carece de reflejo alguno, siendo todo parte de un mero esbozo contenido en el interior de nuestra mente ordinaria.
Por esta razón, quisiera incidir, en el valor que tiene nuestra aceptación ante todo aquello que queramos llevar a cabo, puesto que aceptarnos con nuestras virtudes y defectos, es lo más parecido a abandonarnos por completo, y con dicho abandono, estaremos más cerca que nunca de dicha práctica justa.
Nuestras limitaciones, son en gran parte un reflejo de nuestra visión dualista de todas las cosas. Así que si queremos abandonar dicha visión, hemos de comenzar por aceptar nuestras limitaciones y observarlas como parte de nuestra práctica. Puesto que aunque quizás pueda parecernos distante, no nos pertenece a nosotros el derecho a juzgar todo aquello que acontece en nuestras vidas, sino dejar que todo fluya de forma incesante, como fluye la naturaleza desde la tierra en dirección al cielo.
Por esta razón, al sentarnos en zazen nos concentramos en nuestra respiración a la vez que ponemos nuestra atención en la postura, abrazando todas las sensaciones que nuestra práctica pueda albergar para nosotros con total naturalidad. Esto quiere decir, que en caso de tener molestias o algún tipo de dolencia producido por la misma postura, lo aceptaremos, rompiendo así esa visión dualista que a menudo nos impide ser felices, pues nos pasamos la vida tomando decisiones, sobre aquellas cosas que nos convienen y aquellas otras que preferimos evitar.
Yo mismo he podido experimentar esta sensación, y en efecto, cuando nos entregamos al completo durante nuestra práctica sin esperar nada de la misma, observamos como nuestro sufrimiento va desapareciendo, dejando a su marcha una sensación de equilibrio en nuestra mente y espíritu. Este estado, no debe entenderse como algo que debemos lograr, sino como un estado que emerge de nosotros por si solo, pues en que nada espera todo recibe...

Sergi Gámez





miércoles, 24 de octubre de 2012

EL DESPRENDIMIENTO DE LA DUALIDAD



El zen abandona el dualismo, incluye la dualidad y va más allá.
 "Sin Jin Mei".


Una de las claves para comprender el marco de actuación de la mente ordinaria, es entender que la misma siempre actúa desde la dualidad y ello caracteriza nuestro comportamiento, así como la forma en que nos relacionamos con el medio que nos rodea.
Entendemos por mente ordinaria, aquella que piensa y actúa a través de nuestro ego, sirviéndose de nuestros apegos, orgullo, preferencias personales y en definitiva, todas aquellas acciones que nos alejan del momento presente, aquí y ahora  .
Dicha mente, siempre se mece en los brazos de la dualidad, la misma dualidad que nos ha venido dada desde que tenemos uso de razón, siendo entendida por la gran mayoría como una entidad permanente, que reside de forma intrínseca en el ser humano.
A través de esta dualidad, se trazan muchas de las barreras que custodian nuestras vidas, invisibles e infranqueables para aquellos que no son conscientes de su existencia.
Es muy sencillo entender la visión dualista, porque la misma siempre busca un beneficio personal o se enmarca dentro de una serie de preferencias personales que persiguen el bienestar o la separación de todo aquello que percibimos. Por ello cuando tenemos frío nos abrigamos, cuando una postura es dolorosa buscamos otra más cómoda y en general siempre nos planteamos el lado bueno y malo de toda situación o fenomeno.
Pero la verdadera naturaleza nunca puede ser dual, porque el ser humano es parte del cosmos i a su vez un todo inseparable del que surgen todas las vías del universo. Por esta razón debemos desechar toda acción o pensamiento que surja de la dualidad, siempre entendiendo todos nuestros actos desde la unidad de nuestra mente con el medio, y todos los elementos que lo componen e interactúan en el mismo.
El Zen, nos enseña a desechar esa mente ordinaria, y por el mismo orden abandonar percepción dual de nuestra realidad. 
Por esta razón, durante la práctica de zazen, no desechamos nada, ni el ruido ni el silencio, ni el frio ni el calor, ni los pensamientos buenos ni los malos, ni tan sólo el dolor... sólo observamos todos los fenómenos que surgen durante la practica sin aferrarnos a ninguno de ellos, y los dejamos atravesar nuestra mente, viendo como entran y seguidamente más tarde se desvanecen. Con ello y una atención plena en nuestra postura conseguimos un estado de concentración optimo que nos permite conectarnos de forma unitaria con todos los elementos que conforman el universo y a su vez , nos ayuda a abandonarnos a nosotros mismos, dejando atrás la citada mente ordinaria.
Es por ello que juntamos las manos al hacer "gassho", haciendo desaparecer esa dualidad y conectando todos los elementos en una misma unidad que conecta el cuerpo y espíritu, el cielo y la tierra, lo terrenal con lo espiritual...


También hemos de comprender este estado cuando no estamos sentados en zazen, siendo interesante ejecutar cada acción concentrado únicamente en la misma ( sin pensar en varias cosas a la vez). 
Esto se puede llevar a la práctica en todas aquellas tareas que se repiten cada día en nuestras vidas, como cocinar, limpiar o llevar a cabo cualquier actividad que requiera nuestra atención plena.
En conclusión, una de las bases para desprenderse de la dualidad es centrar nuestra atención solamente en aquello que estamos llevando a cabo en cada momento, con la única perspectiva del presente y nuestra conciencia puesta en el mismo.

Sergi G.

Gassho!



"Hay que superar el marco dualista del espíritu, sumergir las raíces en la conciencia Hishiryo (inconsciente) de zazen."